Villa Educación

Jueves 13 de diciembre de 2018

REPETICIÓN Y NOVEDAD EN EDUCACIÓN

Los actos educativos actualizan un problema filosófico fundamental que es cómo resolver la tensión entre reproducir lo que hay (saberes, valores, etc.) y dar lugar a lo diferente (la novedad) que puede haber. Los cambios deben generarse en el orden del pensamiento. Sin embargo, para que aparezca la novedad debe irrumpir el pensamiento del otro (la familia, un docente no convencional, los alumnos, etc.). Dr. Roberto Rosler

Cada acto educativo actualiza un problema filosófico fundamental que es cómo resolver la tensión entre reproducir lo que hay (saberes, valores, etc.) y dar lugar a lo diferente (la novedad) que puede haber.

Los procesos educativos institucionalizados, entre los que se encuentran las escuelas de todos los niveles, son estructuras complejas de repetición cuyas disrupciones y recomposiciones están ligadas al inicio de procesos de subjetivación en sus alumnos.

Todo cambio real lo es en el orden del pensamiento. En virtud de ello se contrapone la repetición propia de la transmisión de conocimientos (estado de normalidad) con la irrupción que implica la intervención novedosa del pensamiento (acontecimiento).

Esto permite afirmar que toda recomposición subjetiva del alumno supone una manera nueva de pensar y pensarse en una realidad y contexto.

Se podría caracterizar a la educación como una estructura compleja de repetición que cumple funciones de objetivación y subjetivación. Debido a esto cualquier innovación le es ajena porque implica una reestructuración de lo que hay o aún su disolución.

Desde su lógica el cambio le es conflictivo.

Cuando el docente se dirige al alumnado lo hace en forma abstracta a un conjunto ficticio (el alumno medio, el sujeto pedagógico). No se trata de multiplicidades concretas sino de una ficción que homogeneiza lo que hay (ciertos individuos, ciertos saberes).

La multiplicidad infinita que es un alumno siempre escapa a cualquier encuadre educativo y, por lo tanto, es necesario “construir” un joven escolarizable y disponer de las estructuras para educarlo.

Pero a pesar de que la educación es una estructura compleja de repetición, siempre incluye puntos-sitios en los que su constitución está al borde de la crisis. La normalidad de toda situación está construida sobre potenciales puntos de ruptura.

Como afirma la pedagoga Adriana Puiggrós: “Toda institución posee una falla… Esa falla es la que permite que nuevos elementos irrumpan (¿La familia, un docente no convencional, los alumnos?), penetrándola y haciendo posible el cambio”.

Para el filósofo Alain Badiou educar es “disponer los saberes de manera tal que alguna verdad pueda agujerearlos”.

Para las pedagogas Marcela Caruso e Inés Dussel la institución educativa impone de entrada una renuncia en la enseñanza y en el aprendizaje: tanto el que enseña como el que aprende deben renunciar a tomar una posición subjetiva respecto del conocimiento. Deben dejar de lado las decisiones que habrían debido tomar frente al abismo del no-saber, deben anular los desafíos de construir el vínculo entre los nuevos conocimientos y sus trayectos personales.

La novedad se da paradigmáticamente en el lugar de la irrupción del pensamiento del otro (del “extranjero”: familia, un docente no convencional, los alumnos).

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